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Taxonomías

Es frecuente que asociemos la palabra “taxonomía” a la más conocida de todas: la taxonomía animal. Ésta es un sistema que permite la clasificación de organismos determinando sus relaciones evolutivas; cada ser vivo lleva asociada una única posición en la taxonomía animal.

Las taxonomías a las que nos referimos en Inteligencia Corporativa son conceptualmente bien distintas. Son sistemas que permiten la representación de la realidad pero desde diferentes puntos de vista. Estas taxonomías permiten clasificar la información de manera múltiple, y la categorizarla con distintos códigos de clasificación. Por ejemplo en una taxonomía de automóviles, uno en concreto podría clasificarse por el fabricante, la clase de vehículo, el tipo de motor, el color, etc. En la multiplicidad es donde reside la potencia de las taxonomías de cara a su utilización, en procesos de recuperación, representación y análisis de la información, más allá de lo que supone una mera clasificación de la información.

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Las taxonomías, tal y como las percibimos en la Inteligencia Corporativa, son como lentes de conocimiento que nos ayudan a asimilar la información que recibimos del mundo que nos rodea. Una taxonomía no es más que una serie de ejes en torno a los cuales proyectar la realidad, a fin de desentrañar su complejidad. Con el desarrollo de taxonomías aceleramos los procesos de generación de conocimiento. Al recibir información ésta se pone en el contexto de una arquitectura cognitiva previamente asimilada; nuestra estructura mental estará predispuesta a asimilar de manera natural nuevos contenidos.